MANUEL J. GURMENDI: Un vasco emprendedor que hizo grande a la industria argentina

por Daniel Barrios

La historia de la industria nacional está compuesta por múltiples protagonistas, algunos más destacados que otros. Hay quienes sólo se ocuparon de aparecer en la prensa, mientras que otros se destacaron por su apego al trabajo y al esfuerzo. Dentro de este último grupo se encontraba un industrial que hizo crecer su empresa con una fórmula en la que combinaba el trabajo duro con la creación de condiciones laborales dignas para sus obreros. Era don Manuel J. Gurmendi, una persona que se preocupaba tanto por su empresa como por el bienestar de los hombres que trabajaban en ella.

Don Manuel J. Gurmendi había nacido el 19 de agosto de 1894 en San Sebastián, España. Llegó a la Argentina trayendo consigo sólo las ganas de trabajar y de lograr un futuro mejor para su familia, a la que describía como humilde y trabajadora. Su apego al trabajo surgió cuando niño, al tener que reemplazar a su padre enfermo en las tareas que éste realizaba.
Tenía solo 11 años al fallecer su padre, y esa circunstancia hizo que dejara de lado su educación para no obligar a su familia a solventarla. Gurmendi recordaba que le gustaba estudiar, pero que prefirió trabajar ante la difícil situación que atravesaba su familia. Así, Gurmendi fue ayudante de dentista y aprendiz de tapicero. Además de ayudar a su madre y a su hermana entregando a domicilio la ropa que ellas lavaban y planchaban. Tiempo después ingresó a la fábrica de galletitas “Cantabria”, donde trabajó primero como cadete y luego como administrativo. Gurmendi recordaba con cariño aquella época diciendo que “mi formación en aquella querida fábrica de galletitas me sirvió de mucho en mi andar por la
vida, ya que paralelamente con el aprendizaje, se fortaleció en mi la inclinación al trabajo y a la camaradería en todos los niveles”.

El viaje a la Argentina
En esos años, sus coterráneos recibían o traían noticias de lo bien que se vivía en la Argentina, a la que muchos españoles veían como la tierra prometida. Las narraciones de su hermano Félix, que viajó a nuestro país, incrementaron sus ganas de probar suerte en nuestras tierras. El 14 de noviembre de 1912, junto con su madre, emprendieron en el vapor “Sao Paulo”, el viaje que antes habían realizado sus dos hermanos. Fue una travesía de un mes con numerosos incomodidades una bodega, que se cerraba durante el día para  fumigarla, servía de camarote general y la comida había que pagarla día a día. Lo que le exigió a administrar austeramente el poco efectivo con el que contaban. Llegaron a Buenos Aires el 18 de diciembre de 1912. Su primera dirección fue en la calle Victoria 2940 (hoy Hipólito Yrigoyen), en una casa que estaba al cuidado de su hermana. Días después, más
precisamente el 24 de diciembre, comenzó a trabajar en la sección Facturas de la Casa Montemayor, que grandes corredores de artículos para ferreterías. Poco a poco fue ascendiendo en su trabajo, a la vez que conocía los secretos del rubro en su nueva tierra.

El nacimiento de “Sánchez y Gurmendi”

En la firma Montemayor, Gurmendi conoce a quien sería su socio durante muchos años, Faustino  Sánchez. Con él deciden independizarse y trabajar como corredores independientes. Nace así el 14 de enero de 1919, “Sánchez y Gurmendi”, que funcionaba en un local alquilado sito en Venezuela 711. Cuenta Gurmendi que ninguno de los socios tenía problemas en abrir el local y ponerse a barrer “con aserrín húmedo esparcido en el piso para no levantar tanto polvo”. Al flamante emprendimiento no le resultó fácil posicionarse en un mercado signado por la posguerra, con muchos competidores y un escenario económicamente difícil. La mayoría de los insumos industriales y las herramientas
provenían de Europa, donde muchos países se debatían con una inflación creciente con la que no estaban acostumbrados a lidiar. Esta inflación europea hizo que los buenos negocios fueran escasos, ya que muchos proveedores no respetaban los precios previamente acordados. A pesar de ello, y en palabras del propio Gurmendi, su apego al trabajo, el olfato y en algunos casos la buena fortuna hicieron que Sánchez y Gurmendi comenzara a prosperar. No sólo ofrecían a sus clientes precios más competitivos, sino que también le sumaban un “valor agregado” al costear almacenajes o fletes. Una vez que alcanzaron una buena clientela, se lanzaron a ampliar los negocios: había llegado el momento de dejar
de ser simples vendedores de productos de terceros y dar el salto que los hiciera industriales. Al conseguir Gurmendi buenos precios en las materias primas, decidieron ponerse a  fabricar sogas y clavos. Para ello, comenzaron a emplear un criterio que caracterizaría a Gurmendi en toda su actuación: consultar a los que sabían hacer ese trabajo. Gurmendi tomó seriamente el rol de industrial, comenzó a familiarizarse con el montaje de plantas industriales, la fabricación o adaptación de maquinaria para que fuesen aptas para sus necesidades y a la realización de minuciosos planes de negocios…

AMARANTO: un tesoro de semillas americanas

por Catalina Pantuso

El grano de amaranto, alimento sagrado de los mayas y base fundamental de la dieta incaica, se incorporó al Código Alimentario Argentino a principio de los años’90, mucho después que la NASA decidiera utilizarlo en la alimentación de sus astronautas. Debieron pasar cinco siglos, para que se recuperara algo de la soberanía alimentaria de las comunidades indígenas. Irónicamente, mientras los estudios de la Academia de Ciencias de Estados Unidos y de otros organismos europeos se ocupan del rescate y difusión de este cultivo, la mayoría de los argentinos desconoce las propiedades y ventajas del “súper cereal”. El amaranto constituye una muy buena alternativa de cultivo en nuestro país —especialmente en la zona semiárida— porque no tiene grandes requerimientos de agua; su alto valor nutritivo lo convierte en una herramienta fundamental en la lucha contra la desnutrición y, por ser un producto que muestra una creciente demanda internacional, posibilitaría frenar el constante aumento de la producción sojera.

Cualquier estímulo puede desencadenar nuestra curiosidad y embarcarnos en una investigación periodística. Mi interés por los amarantos se despertó casualmente, mientras hacía un viaje de larga distancia, cuando la azafata del micro distribuyó algunos comestibles con el fin de hacer más llevadero el trayecto. Como había mucho tiempo y muy poco para hacer, comencé a leer atentamente el envase de una barra de cereales con gusto a frutilla que venía de postre. En un ángulo, en medio de un pequeño rectángulo rojo se destacaba la palabra Nueva, y un poco más abajo se veía la frase: “Con Amaranto & Semillas de Chía.”

Con poca luz y en movimiento, no era mucho más lo que podía leer durante el viaje, por lo tanto decidí guardar prolijamente el envoltorio de la golosina para analizar después sus componentes y valores nutricionales. Mis obligaciones cotidianas hicieron que rápidamente olvidara el episodio, y el envase de la barra de cereales quedó arrugado en el bolsillo de mi cartera. Sin embargo unos días después, de compras en un comercio de productos dietéticos, me volví a encontrar con el amaranto. Entre bolsas de productos a granel, en grandes tarros de vidrio se exhibían estas pequeñas semillas. Grande fue mi sorpresa cuando advertí que el amaranto, según la especie, se presentaba en sociedad con diferentes nombres, todos ellos de origen indígena. Puede encontrarse como quinua, quínoa o kinwa; es conocido en náhuatl (México) como huauhtli; en aymará se lo llama tupapa, juirao, linquiñique y en quechua kiuna, kiwicha o achita; en Bolivia es famoso por estar considerado el “arroz andino.”

Ante mis preguntas el vendedor se entusiasmó, me contó los beneficios de estos productos y me entregó unos folletos, casi artesanales, con algunas explicaciones sobre sus cualidades. La publicidad decía que este alimento era para ideal para el tratamiento de la anemia, la desnutrición y la prevención de la osteoporosis. En síntesis el amaranto tiene las cualidades de un “supercereal”. Hermosas plantas, pequeñas flores, semillas nutritivas Motivada por el discurso apasionado del empleado de la dietética decidí indagar un poco más sistemáticamente. Me enteré los amarantos (Amaranthus), pertenecen a la familia Amaranthaceae y que existen alrededor de 60 especies, de la cuales más de 50 son oriundas de
América. La palabra amaranto, es un vocablo que deriva del griego y su dignificado es “inmortal, que no se marchita”, de este modo se hace referencia a que la planta no muere
cuando se cosechan sus semillas.

Buscando algunas imágenes de la planta, me asombré al verificar que las famosas “siempre vivas”, que en algún momento habían decorado el jardín de mi casa, eran una de las variedades ornamentales de los amarantos. Pero encontré otras flores que pertenecen a este género botánico, cuyos nombres vulgares son: cresta de gallo, amor seco, madroño del
campo, confitillo, siempre eterna, sanguinaria y sempiterna. Tal como indican sus denominaciones, estas flores no se marchitan fácilmente y duran mucho tiempo después de ser cortadas. Ocurre que la familia de las Amaranthaceae es muy grande. La mayoría de ellas son hierbas o arbustos que pueden alcanzar hasta los 3 metros de altura, aunque también se pueden encontrar algunos árboles y trepadoras. Tienen unas hermosas hojas anchas de diferentes formas en la misma planta (polimorfas) y muestran colores brillantes, donde el verde se combina con el violeta, el anaranjado y el rojo. Las flores son pequeñas, no tienen pétalos y se presentan solitarias o agrupadas en racimos, espiguillas o panículas; las semillas son muy pequeñas y se encuentra en las inflorescencias; son hermafroditas y generalmente se auto fertilizan.

Con ánimo de informarme un poco más comencé a buscar noticias y bibliografía. Encontré las primeras respuestas en la Revista Alimentos Argentinos, leyendo la nota “Prometedora resurrección del amaranto” de la Ingeniera Agrónoma Andrea Pantanelli. Comprobé que la publicidad no era engañosa porque científicamente se afirmaba que “El contenido de proteínas ronda el 15-17% de su peso, sin embargo, su importancia no radica en la cantidad sino en la calidad de la misma, por su excelente balance de aminoácidos. Tiene un contenido importante de lisina, aminoácido esencial en la alimentación humana y que comúnmente es más limitante en otros cereales.” …

GRIPE A: OBAMA declara la emergencia sanitaria

Clarín dice (domingo 25 de octubre 2009)

Grip01¿Qué pasa en la Argentina? MI Club Tecnologico dice:

Grip02

La extraña desaparición del coche del futuro

Auto electrico

A principios del siglo 20, las máquinas eléctricas irrumpieron en el mercado automotriz. En esa época, sin el calentamiento global pisándole los talones a la población mundial, este tipo de vehículos no tuvo una gran repercusión. Se desconocen las razones. Nadie, hasta el momento, pudo aseverar con certeza el porqué de dicho fracaso. Sin embargo, algunas tímidas voces aseguran que la explosión del petróleo a comienzos del último siglo y
el bajo costo del mismo por esos tiempos, sumado a los intereses económicos de las empresas petroleras, fueron algunos de los motivos por los cuales los automóviles eléctricos no pudieron prosperar en el planeta. Y, ya en 1920, desaparecer casi por completo, siendo reemplazados por los
actuales vehículos de combustión mecánica.

Mucho más cerca en eltiempo, en la década de los 90 más específicamente, General Motors quiso incursionar en el mercado eléctrico. Y una serie de pruebas pilotos derivaron en el primer auto eléctrico moderno de venta comercial. Era un auto de lujo. Poseía aire acondicionado, levantavidrios
eléctricos, cierre centralizado, reproductor de CD y dirección asistida, entre
otras características. En pocas palabras, era un automóvil que cualquier fanático de los fierros hubiese querido tener en la cochera de su hogar. Pero
no fue así.

El impulso para la fabricación de este tipo de autos lo había generado la norma llamada ZEV (Vehículo de emisión cero) Mandatory, que pretendía que el 2 por ciento de los vehículos vendidos en California, Estados Unidos,
no debían emitir gases contaminantes. Y el EV1 (Vehículo Experimental número 1) de General Motors encajaba a la perfección con ese requisito. Sin
embargo, nuevamente, la producción de ese modelo no prosperó. Es importante tener en cuenta que la ZEV Mandatory pretendía que en el 2001,
el 5 por ciento de los autos fabricados cumplieran con la norma y que luego,
en 2003, se llegase a construir el 10 por ciento de este tipo de vehículos. Cosa que nunca ocurrió. El 24 de abril de 2003, coincidentemente con el
reemplazo de la ZEV Mandatory por la ZEV Regulatory, una norma que favoreció claramente al mercado de los combustibles, los EV1 fueron retirados de circulación. El desmantelamiento y la posterior ubicación de las máquinas en depósitos de chatarras no pudieron ser detenidas. ¿Los
motivos? Tampoco nadie pudo responder esa pregunta.

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