Jorge Newbery: INGENIERO, AVIADOR … Y ANTIMONOPOLISTA

Desde el inicio mismo de la Nación Argentina muchos emprendedores quisieron surcar los cielos de nuestra patria, pero tal vez ningún otro nombre como el de Jorge Newbery esté tan ligado a la aviación nacional. Mi Club Tecnológico hace un repaso de la vida de este pionero de la aviación y también reconoce al hombre que fuera discípulo de Edison y se destacara en su lucha por la defensa de los intereses nacionales en el ámbito de la energía y el petróleo.


Al hablar de Jorge Newbery se hace imposible apartar esa figura pública tan asociada al boxeo, la esgrima y a aquel “loco foot-ball que apasiona a los ingleses”, o a ese habitué de los salones del Jockey Club o de los clubes Gimnasia y Esgrima y del Progreso. La memoria popular argentina lo recuerda como uno de esos primeros “hombres pájaro”, que maravilló a los porteños en el inicio del siglo XX con sus vuelos en globo o en los primeros y frágiles aviones que se atrevieron a surcar nuestros cielos. Sin embargo, al momento de escribir las biografías de Newbery, poco se ha tenido en cuenta el aspecto de hombre público, eficiente administrador enfrentado a las empresas monopólicas extranjeras y consecuente defensor de la creación de compañías nacionales para administrar el gas, el petróleo y la electricidad en la Argentina.
Este hombre, quien fuera uno de los primeros ídolos populares del siglo pasado, nació en una casa de la calle Florida, de Buenos Aires. Hijo de Ralph Newbery, un médico odontólogo que dejó Nueva York para radicarse en la Argentina, y de Dolores Malagarie, una dama de la alta sociedad porteña. Jorge Newbery estudió en la escuela escocesa San Andrés de Olivos, obteniendo el título secundario de bachiller en 1890.
A los 16 años viajó a los Estados Unidos para cursar estudios de ingeniería eléctrica en la Universidad de Cornell, en Nueva York, y luego continuó su educación en el Instituto de Tecnología de Drexel, en Filadelfia. Uno de sus profesores fue el célebre inventor Thomas Alva Edison. En 1895 regresa a la Argentina, con 20 años y el título de ingeniero eléctrico, e ingresa a la compañía Luz Eléctrica y Tracción del Río de la Plata, empresa creada en 1889 e integrada por Walter R. Cassels, representante de la Brush Electric Company de Cleveland, Estados Unidos y con el aporte de capitales británicos, para proveer de energía al alumbrado eléctrico de la ciudad de La Plata, primera ciudad de América del Sur con este servicio. Posteriormente se buscaría llevar “iluminación particular por medio del sistema incandescente”, servicio que empezó a prestarse regularmente en 1888, cuando se tendieron las primeras redes de distribución.
En 1897, Newbery ingresa a la Marina Nacional donde llegó a ser Capitán de Fragata sirviendo como ingeniero electricista de las naves “Buenos Aires” y “Garibaldi”. Durante su servicio se le encomienda viajar a Europa para adquirir equipamiento apropiado para los buques de guerra y las unidades de defensa de las costas que se utilizaban entonces. Mientras se desempeñaba como electricista, también ejercía como profesor de natación en la Escuela Naval.
Tras su período de servicio, pasa a la función pública para desempeñarse desde mayo de 1900 como Director General de Instalaciones Eléctricas y Alumbrado, designado por el entonces Intendente Adolfo Bullrich. De ese período se destaca su enfrentamiento con la Compañía Primitiva de Gas que, en julio de 1901, quería cobrar gastos que Newbery consideraba “exagerados”. La Compañía Primitiva de Gas era una empresa de capitales ingleses que se había radicado en 1865 en Buenos Aires y que, según denunció Newbery, en sus primeros 23 años de servicio ya había reportado ganancias que superaban 28 veces el capital inicial.
Desde la función pública Newbery bregó por la creación de empresas nacionales que proveyeran de energía al país. Primero luchó por la estatización de los servicios de gas y la electricidad y luego propuso lo mismo para el petróleo, tras el descubrimiento de un yacimiento en Comodoro Rivadavia en 1907. Newbery también desestimó a quienes vociferaban en contra de la explotación del petróleo argentino y pedían la continuidad de la importación. Demostró, mediante estudios, que la composición y calidad del petróleo argentino era adecuada para su explotación, que no era sulfuroso y que convendría legislar para que se nacionalicen las reservas y que sea una empresa estatal la que se encargue de la extracción y el refinamiento.
En 1910 publica junto a Justino Thierry, profesor de química del Colegio Militar de la Nación y jefe del laboratorio de la Dirección General de Alumbrado de la Municipalidad, su obra “El Petróleo”, en donde expuso la necesidad de una legislación apropiada para esa actividad ya que, en el mundo, solo Rumania había dictado leyes para poner a las reservas nacionales bajo la órbita del Estado para impedir que empresas monopólicas, relacionadas con capitales ingleses o estadounidenses, se apropien de ellas.
Newbery escribió varios artículos sobre la municipalización de los servicios de gas y electricidad, en uno de ellos decía de las empresas de capitales extranjeros: “a la menor tentativa de reparación en favor del público perjudicado basta para que pongan el grito en el cielo. Para ellos no hay razones; el único Norte que les guía es el lucro; sabiendo de esta esfera, todo es malo; simple iniciación de cualquier proyecto que tienda a mejorar la situación de la comunidad que tanto los favorece, siempre que ello amenace tocar en lo más mínimo sus intereses, basta y sobra para que cierren sus puertas a la más clara razón. De ahí ha nacido el monopolio de la electricidad y la unión entre las compañías de gas que hoy nos dominan a tal punto y de tal manera que nos vemos precisados a soportar con estoica resignación todo el imperio que emana de su tiranía”. Esto lo escribía en 1904.
La británica Compañía Primitiva de Gas también tenía un fuerte discurso en contra de la posibilidad de que Argentina produjese su propio gas. La consigna de los ingleses era que el gas nacional era escaso y sulfuroso y que “convenía seguir importando carbón mineral para gasificarlo”. Obviamente el carbón provenía de Inglaterra. Newbery se encargó de desmontar esos argumentos. La visión de Newbery se anticipó en unos años a lo que serían las empresas estatales, recién en 1916 Winston Churchill propone estatizar la British Petroleum a fin de garantizar que los buques británicos tengan la provisión de fuel oil que necesitaban en la guerra contra los alemanes. En 1922, la segunda empresa petrolera estatal fue creada, era YPF, Yacimientos Petrolíferos Fiscales que, de la mano del radicalismo, se erigía como modelo para las empresas latinoamericanas que de a poco se fueron creando. La prédica de Newbery fue llevada adelante por hombres que lo habían escuchado, como el general Enrique Mosconi, quien lo conocía bien desde su época como Director del Servicio Aeronáutico del Ejército.
Al frente del alumbrado de la Municipalidad porteña propuso colocar bajo la administración comunal la provisión de energía eléctrica a la ciudad de Buenos Aires. Newbery, en un artículo publicado por la Sociedad Científica Argentina, expuso su idea de que “la propiedad pública integra el patrimonio de cada uno de los ciudadanos; la comuna constituye una sociedad cooperativa anónima y cada residente de la ciudad es un tenedor de títulos”. Cada vez es más clara la idea de Newbery sobre la intervención decidida del Estado en materia energética.
En 1904, quedó a cargo de la cátedra de electrotecnia en la Escuela Industrial de la Nación. Ese mismo año viajó al Congreso Internacional de Electricidad que se celebró en Saint Louis, Estado Unidos, en el marco de la Feria Mundial, y en representación del municipio porteño, en el que fue designado vicepresidente de la Sección Transmisión de Fuerza y Luz. Newbery se interesó en traer a nuestro país los adelantos técnicos y científicos que se producían en el mundo. Un ejemplo de ello fue traer el filamento de tungsteno que reemplazó al filamento de carbón, creado por Edison, en la producción de lámparas eléctricas.
Toda esta actividad la hacía sin descuidar su pasión por los deportes. En 1899, ganó concursos de boxeo organizados por los clubes Athletic y Sherman Gymnasium de Londres. Se destacó como espadachín y en el Club de Gimnasia y Esgrima obtuvo el primer premio en el torneo sudamericano de florete de 1901. En 1907 superó a Berger, campeón francés de espada, en el Jockey Club. También se destacó en el canotaje, actividad en la que fue record nacional en dos y cuatro remos. La lucha grecorromana fue otra de sus disciplinas destacadas y, por si fuera poco, estableció un record de velocidad en automovilismo al llevar a un Brasier, de 120 HP, a los 133 kilómetros por hora. En 1910 además de participar de las actividades deportivas que se realizaron por el aniversario del Centenario de la Revolución de Mayo, como la carrera de globos, colaboró con el perito Francisco Pascasio Moreno en el Congreso Científico Internacional, presidiendo la Comisión de la Volación.

Su amor por la aviación
Faltaba una disciplina por dominar: la aeronáutica. Cuenta la anécdota que el primer hecho trascendente que acercó a Newbery a la aviación se produjo el 25 de diciembre de 1907 cuando el dandy porteño Aarón de Anchorena, quien se había hecho fanático de los vuelos en globos aerostáticos en Francia, se dispuso a realizar el primer cruce en globo del Río de la Plata. Anchorena compró en Francia un globo de 1.200 metros cúbicos de capacidad y contrató a un experto francés, Louis Faberes, para acompañarlo en la travesía y ayudarlo con las tareas de preparación del globo. Después de una serie de demoras en los aprestos del vuelo y de dificultades para llenar el globo con una precaria cañería que traía el gas de hulla desde la compañía del alumbrado público de la ciudad de Buenos Aires, el técnico francés desistió de participar en un vuelo que no ofrecía garantías de culminar con éxito. Tal contratiempo no haría abandonar la idea de realizar el vuelo a Anchorena, quien se dirigió al público presente y realizó una pregunta que solo un valiente podría responder: “¿alguien quiere acompañarme?”. Tras unos momentos de silencio, la respuesta sería del Director de Alumbrado de la Municipalidad, el ingeniero Jorge Newbery se atrevió al viaje.
El cruce resultó un éxito. Aunque no faltaron contratiempos: debieron desprenderse de todo el peso que llevaban, incluso la barquilla del globo. Los dos tripulantes se colgaron de la red y rezaron para volver a pisar tierra. Cuentan que Anchorena comenzó a caminar en tierras uruguayas para buscar el pueblo más cercano hasta que se topó con un paisano que, sorprendido, les preguntó que hacían a pie en medio del campo, la respuesta de Anchorena fue: “venimos de Buenos Aires”, a lo que respondió: “!Estos porteños! ¿Y ahora me van a decir que vinieron volando?”. Seguramente una gracia más que un diálogo real pero la anécdota marca la importancia del hecho, la Argentina disponía de hombres capaces de realizar sucesos próximos a lo increíble. Estos eran los pioneros de las alas nacionales que comenzarían a realizar proezas en las frágiles máquinas que sucedieron al inaugural vuelo de los hermanos Wright, en 1903. La primera consecuencia del vuelo de Anchorena y Newbery fue la fundación del Aero Club Argentino, del cual Aarón Anchorena fue su primer presidente y recibió el brevet N° 1. Este Aero Club fue la simiente de las alas militares nacionales.
El Aero Club tuvo un golpe que atentó contra su continuidad, el 17 de octubre de 1908 el “Pampero” partió desde el Campo de la Sociedad Sportiva Argentina, en Palermo, y nunca más se supo de él. Era su tripulante Eduardo Newbery, hermano de Jorge. Muchos rumores y conjeturas se tejieron pero lo concreto es que tanto el “Pampero” como sus tripulantes nunca volvieron a aparecer. Se especuló con que Jorge Newbery, afectado por la desaparición de su hermano, dejaría la actividad. Sin embargo el 24 de enero de 1909, Newbery voló el globo “Patriota” con el que llegó a la localidad de Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires. Pero la actividad necesitaba un impulso. La gente temía a los globos. Entonces Newbery se entrevistó con una figura de notable ascendencia en los porteños: el doctor Alfredo Lorenzo Palacios. “Nadie quiere oír hablar de globos, doctor, desde la desaparición de mi hermano. Si usted sube, se hará un movimiento favorable. Se borrará la impresión dramática de los actuales momentos. Necesito un hombre como usted”. Las palabras de Newbery convencieron al futuro diputado socialista quien lo acompañó en el próximo vuelo del “Patriota”.
Contaría después Alfredo Palacios: “yo sabía lo que era una nube pero nunca la había tocado. Y cuando nos hallamos a pleno sol y la sombra del globo resbalando sobre las nubes, asistí a un maravilloso espectáculo que jamás viera ni imaginara. Todo envuelto en silencio, un silencio poético, suave, un silencio de nubes serenas”.
Newbery realiza más vuelos con el “Patriota” y el célebre “Huracán”. El 27 de diciembre de 1909 bate un nuevo record cruzando el Río de la Plata y el Uruguay para descender en la localidad de Bagé, en Brasil. El cable trae la noticia a Buenos Aires: “Jorge Newbery ha batido el record de tiempo y distancia en Sudamérica volando, durante trece horas, 550 kilómetros”. El 8 de enero de 1911 vuelve a superar el record de distancia, recorriendo 660 km, y el de altura, a la vez, elevándose a 3.400 metros. Ambas hazañas las realiza a bordo del “Eduardo Newbery”. Con el globo “Buenos Aires”, bate el record de altura alcanzando los 5.100 metros el 5 de noviembre de 1912, acompañado por el teniente primero Raúl E. Goubat y por el teniente de navío Melchor Z. Escola.
Los vuelos en globo ya había colmado sus expectativas, solo le quedaba un desafío y era cruzar la cordillera de Los Andes, emprendimiento que estudió pero no llegó a realizar.
La aviación atrajo a Newbery en los últimos años de su vida. Había obtenido el diploma número 8 de nuestra aviación y voló desde mayo de 1910. Por su influencia, y la del fervoroso grupo que lo acompañaba, el Poder Ejecutivo Nacional dicta un decreto el 10 de agosto de 1912 por el cual se crea la Escuela de Aviación Militar. La dirección técnica de dicha escuela es confiada a Jorge Newbery, y a los tenientes coronel M. J. López y Enrique Mosconi. La tarea es difícil, sobre todo el tratar de adquirir una flotilla de aviones y obtener la negativa del Estado por “falta de fondos”. Pero el espíritu emprendedor de estos hombres pasaría por alto el obstáculo. Se apela al pueblo y se crea una Comisión Central Recolectora de Fondos para la flotilla Aero Militar Argentina. La idea es que con el aporte de la población se junte el dinero necesario para comprar las aeronaves. El resultado: un millón y medio de postales alegóricas son adquiridas por la población. Los hombres más activos en la campaña fueron Newbery y el teniente coronel Mosconi.
El 25 de mayo de 1913 el público que se congrega en el Hipódromo Argentino asiste al paso de la primera escuadrilla militar que surca el cielo de la Capital. Al frente de esos cuatro aviones, dirigiendo el vuelo, iba la máquina conducida por Jorge Newbery. La hora de los record llegan a la aviación, Newbery con el avión “Centenario”, un Blériot Gnome de 50 HP, cruza el Río de la Plata y aterriza en Colonia, convirtiéndose en el primer hombre que cruzó el Plata en globo y en aeroplano.
El 13 de octubre de 1912, a bordo de un Blériot alcanza en vuelo una altura de 2.400 metros, clasificándose en el tercer lugar de altura, entre los pilotos de nuestro país. Tiempo después bate la marca sudamericana alanzando la altura de 4.075 metros y unos días más tarde eleva esa marca a 4.178 metros. En febrero de 1914, en plena preparación para realizar el cruce de Los Andes, llega a los 6.225 metros de altura, superando los 5.000 metros que deseaba alcanzar, cifra que superaba la altura de la cordillera por donde quería cruzar.
Se traslada a Mendoza en donde realizaba los aprestos para su proeza, pero a pedido de unas damas locales, el domingo 1º de marzo de 1914, deciden realizar un vuelo de exhibición junto al aviador Benjamín Jiménez Lastra. El avión que volaban no respondió y se precipitó a tierra matando a Newbery e hiriendo a su acompañante. Minutos después la noticia se conocía en Buenos Aires generando una ola de dolor y consternación en la población.
La llegada del cuerpo de Newbery a Buenos Aires se produjo el martes 3 a las 8:45 hs. Una inmensa muchedumbre lo esperó en el andén de la estación Palermo, del ferrocarril Pacífico. Desde allí fue trasladado hasta el local de la Sociedad Sportiva Argentina. El Ministro de Guerra dispuso que allí quedara bajo la custodia del jefe de la Escuela de Aviación Militar, dos oficiales y 70 hombres de tropa con fusiles y traje de gala. Durante toda la noche la población de Buenos Aires desfiló incesantemente por el local de la Sportiva y al día siguiente una verdadera multitud tomó ubicación en la avenida Alvear para seguir el trayecto de la comitiva hasta el cementerio de la Recoleta. Frente a aquel local se colocaron cuatro aeroplanos de El Palomar, con los cuales rendía honores el destacamento de conscriptos.
Los restos mortales de Newbery fueron depositados en el cementerio de la Recoleta y el  2 de mayo de 1937 fueron trasladados al cementerio de la Chacarita. Se apagaba así la vida de una figura popular, un emprendedor, un eficiente hombre público que dedicó su vida al progreso pero no solo en el plano personal, sino en beneficio de su comunidad. Muchos prefieren recordar al deportista y al dandy porteño, pero olvidan al hombre que postuló la defensa de los recursos argentinos proponiendo que queden en manos de los argentinos.

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