por Jorge Zaccagnini
El éxito alcanzado por los productos desarrollados por el movimiento de Software Libre es el resultado de un círculo virtuoso que ha posibilitado instalar programas de computación para satisfacer las más diversas necesidades. Tanto en una pequeña netbook, como en un sofisticado servidor de Internet.
Programas que observan una calidad similar y, en algunos casos, superior a los programas comerciales de mayor venta en el mercado mundial. Programas que son inmunes a los riesgos de virus y otras epidemias informáticas. Programas que, además, son gratuitos. En estos tiempos en los que los sucesivos estallidos de burbujas —financiera, inmobiliaria o de las punto.com— han desnudado las debilidades del sistema capitalista, el movimiento de Software Libre plantea un modelo de desarrollo productivo exitoso, para nada utópico, que se asienta en principios diferentes a los que entronizaron en su momento Adam Smith y David Ricardo, y que se convirtieron en la matriz del “pensamiento único” de la economía mundial en los últimos 30 años.
Tiempo atrás, entrevisté a Richard Stallman, un neoyorquino de 58 años de procederes inesperados y pensamiento coherente, que es reconocido mundialmente como referente del movimiento de Software Libre. Este hombre, que en estos días visita Buenos Aires en ocasión de realizarse en Buenos Aires la Conferencia Internacional de Software Libre 2011, ha generado —quizás sin proponérselo— un código de convivencia y cooperación en la red que instala una propuesta digna de ser tenida en cuenta.
Stallman no estaba convencido de la existencia de una ética hacker. Para él, “ser hacker es divertirse con la inteligencia de espíritu juguetón. No es un asunto de la ética, sino de preferencias. Un hacker -decía- puede tener estándares éticos de varias maneras y puede no tenerlos”. Y ejemplificaba: “Es como alguien que baile el tango o que suela resolver rompecabezas, ambos pueden tener o no tener estándares éticos. Pero lo que sí es verdad que muchos hackers piensan que es bueno compartir el software y otra información útil. Quieren aprender y comprender, y respetan a otros que también quieren aprender y comprender”.
Ante la duda de cómo una no-ética podía producir de aplicaciones de utilización solidaria, Stallman aclaraba: “Quiénes desarrollan software libre lo hacen por varios motivos. Hay quienes lo hacen por idealismo político; otros por diversión (ser hacker); otros por sentirse admirado por los usuarios del software que desarrolla; otros por conseguir reputación de buen programador; otros para devolver con buenos programas un beneficio recibido por la comunidad; y otros —una gran minoría— son pagados por desarrollar software libre. Es decir, lo hacen por dinero. En cada desarrollador de software libre puede haber más de un motivo, pero también puede haber otros. Para mí, que un programa sea producto de un desarrollo comunitario o de una empresa es un detalle secundario. Lo importante es que sea libre”, enfatizaba.
¿Qué es el software libre, entonces? Para Stallman, claramente, es aquel que contenga y respete cuatro libertades esenciales:
- Libertad de ejecutar el programa como uno quiera;
- Libertad de estudiar el código fuente del programa y cambiarlo de manera que haga lo que quieras;
- Libertad de distribuir copias (incluso publicarlas) a los demás, cuando quieras; y
- Libertad de distribuir (incluso publicar) tus versiones cambiadas, cuando quieras.
Este es el núcleo duro del pensamiento de Stallman: “No importa si un programa libre pueda ser desarrollado como negocio, o por voluntarios o —parcialmente— de las dos maneras. Lo esencial no es cómo se desarrolla, sino respetar nuestra libertad”
Contrariamente a la opinión de muchos, Stallman cree que “el movimiento de Software Libre no es un movimiento por el desarrollo comunitario. Es un movimiento por la libertad de usar y cambiar los programas que usted utilice, o —incluso— desarrollarlos en forma comunitaria, personal, o como negocio”.
Admirado por muchos y temido por los barones del software comercial, las ideas de Stallman y los indiscutibles éxitos que la aplicación de las mismas han producido, hoy aparecen como una alternativa posible y superadora de un pensamiento económico cuyos valores originales parecen formar parte del final de un ciclo histórico.
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